¡Lástima que no vino Evrá!

¡Lástima que no vino Evrá!

Lo lamento no porque piense que ese acomplejado jugador, al que al parecer le da vergüenza ser negro tendría que haber sentido el repudio del público en el Centenario

Opinión – Ángel V. Ruocco

 

Es una pena que el polémico futbolista franco-senegalés Patrice Evrá, responsable del linchamiento mediático de Luis Suárez con la complicidad del confeso xenófobo Alex Ferguson, de los sesgados procedimientos de la Asociación Inglesa de Fútbol (FA) y de la insufrible prensa amarillista británica no haya venido a Montevideo con la selección francesa.

Y lo lamento no porque piense que ese acomplejado jugador, al que al parecer le da vergüenza ser negro -aunque debiera estar muy orgulloso de ello-, tendría que haber sentido el repudio del público en el Centenario. Tampoco lamento la ausencia de Evrá por creer que el gol de Suárez a los franceses en un partido amistoso sin mayor trascendencia podía haber significado una especie de desquite del salteño. Nada de eso.

Lo que creo es que hubiera sido una buena oportunidad para intentar, de buenas maneras, enseñarle a Evrá que este país, al que Ferguson calificó de maldito, no se asemeja a la Francia colonialista y racista denunciada a mediados del siglo XX por un adalid de la negritud como Franzt Fanon (1925-1961). Ni a esa Francia que fue cuna del conde de Gobineau (1816-1882), principal teórico de la supuesta desigualdad de las razas y cuyo pensamiento fue el sustento de la política racista del nazismo.  El Uruguay tampoco se parece a la Gran Bretaña de oscura historia colonialista (en particular en India y Sudáfrica) y de un presente con muchos pecados en el tema racial. De esa nación era originario Houston Stewart Chamberlain (1855-1927), sostenedor de la superioridad de una supuesta “raza aria” y del pangermanismo y cuya doctrina también fue la base del nacionalsocialismo alemán.

Es una lástima que Evrá no hubiera recorrido los pasillos del Estadio Centenario y de su Museo del Fútbol. Allí se habría enterado de que Uruguay fue el primer país del mundo en el que futbolistas negros jugaron codo con codo en los clubes y en las selecciones nacionales con otros deportistas de todos los colores y tonalidades de piel.

En los equipos uruguayos de muy de principios del siglo XX, según hubiera podido ver Evrá en las fotografías de hace casi un siglo colgadas en las paredes de los corredores internos del Centenario y en el Museo del Fútbol, que sí vieron sus compañeros de la selección francesa, aparecen muchos futbolistas negros junto a jugadores de piel más o menos blanca o aceitunada o cobriza o lo que sea, hijos o nietos y mezcla de gaitas, tanos, criollos aindiados y hasta de franceses, ingleses o alemanes. Eso no sucedía en aquella época  en ningún otro país, ni siquiera en Brasil, y por supuesto mucho menos en Gran Bretaña y Francia.

Por 1910 ya jugaba en Central, el equipo representativo de los barrios Palermo y Sur, donde habitaban muchos miembros de la colectividad negra, Juan Delgado, quien en Buenos Aires integró la selección de Uruguay en el  campeonato de 1916 con el que se inició la larga serie de torneos sudamericanos de fútbol. Junto a Delgado estuvo en ese torneo el primer gran jugador negro de la historia en este continente, Isabelino Gradín, no sólo excepcional futbolista sino también campeón sudamericano de atletismo. Hubiera sido bueno que alguien le contara a Evrá que los dirigentes futbolísticos de Chile, en su mayoría descendientes de alemanes e ingleses o de esas nacionalidades, intentaron impugnar la victoria uruguaya de 1916 tras denunciar que en el equipo había dos “africanos”.

Al maravilloso Gradín le cantó en su “Polirritmo dinámico”, quizás el más bello poema en lengua castellana sobre el fútbol, el gran poeta peruano Juan Parra del Riego (radicado en Montevideo, donde falleció en 1925).

Pero además de Gradín y Delgado, fue uruguayo el primer gran jugador negro del fútbol mundial, José Leandro Andrade, “La merveille noir”, como lo calificó la asombrada prensa deportiva francesa y europea cuando los celestes ganaron el campeonato olímpico-mundial de 1924 en el mítico estadio parisién de Colombes y dictaron cátedra de fútbol moderno. Ningún seleccionado europeo tenía entonces, ni quería tenerlos, futbolistas negros.

Junto a la “Maravilla negra” había en la selección celeste otro notable jugador negro, Juan Píriz, quien lo mismo que Andrade también ganó la medalla de oro en los Juegos olímpicos-mundiales de 1928 en Ámsterdam.

Y prácticamente en todas las resonantes victorias internacionales del fútbol uruguayo, logradas pese a las limitaciones demográficas, económicas y organizativas del país, hubo grandes jugadores negros. La lista es larga. Y uno de los grandes del balompié celeste de todos los tiempos fue el “Negro Jefe”, el inolvidable Obdulio Varela, un mulato de mirada desafiante, piernas largas y aguda inteligencia futbolística que contribuyó sobremanera al gran triunfo de Maracaná en 1950.

¿Cuánto hace que hay en los equipos ingleses y franceses jugadores negros provenientes de las colonias de esos países de execrable pasado imperialista? Pocos años. Y ¿cuándo se empezó en Estados Unidos a permitir que deportistas negros integraran equipos mixtos en el béisbol o el básquetbol? Recién en los años 60 del siglo pasado. Ni hablemos del apartheid sudafricano finalmente liquidado por el gran Nelson Mandela.

Alguien, quizás Álvaro Pereira, Abel Hernández, Egidio Arévalo Ríos o incluso el “Mota” Gargano, compañeros de Suárez, podía haberle contado todo esto a Evrá, aunque quien sabe si en su rencor hubiera escuchado y entendido que en el fútbol uruguayo no hubo ni hay racismo. Por más que en un absurdo gesto aislado un par de imbéciles que se decían hinchas de Central –ni más ni menos que el club de Juan Delgado, de Rodríguez Andrade y de muchos otros futbolistas negros- ¡qué vergüenza! hayan copiado hace poco gestos racistas venidos de afuera e inéditos en nuestro país, el racismo no estuvo ni está instalado en el fútbol uruguayo.

También se le podía haber explicado al senegalés que en este país los negros han participado activamente en la lucha anticolonialista y en la formación de nuestra nación desde principios del siglo XIX, ya que fueron los más fieles seguidores de José Artigas, al lado del cual combatieron contra españoles, portugueses, brasileños y porteños. Y unos cuantos de ellos acompañaron al Jefe de los Orientales al exilio en Paraguay.

Se le podía haber dicho además que la música popular que nos distingue, el tango (que tiene “motas en la raíz” como señaló el uruguayo Vicente Rossi, un trascendente ensayista y dramaturgo, orgulloso mulato, autor del fundamental libro “Cosas de negros”) y que nació junto a las viejas murallas de Montevideo, el candombe y la milonga, se la debemos a los esclavos traídos a la fuerza en la época colonial al “puerto negrero” en que los españoles convirtieron a Montevideo. A cambio de esa práctica repudiable los negros orientales nos regalaron buena parte de la identidad nacional. Y no lo olvidamos. Esto bien se lo podía haber explicado a Evrá el Negro Rada, quien está orgulloso del color de su piel  “porque el negro es un color maravilloso”.

Hay aquí sin duda algún que otro racista y xenófobo, como los hay en todas partes, aunque en mucha menor cantidad y con menos virulencia que en Europa, como me consta por haber vivido allí largos años, y en otros lados del mundo. Puede haber también aquí muy de vez en cuando algunos reprochables gestos individuales de corte racista pero son muchísimo menos frecuentes y duros que acullá. Ni hay racismo en las instituciones ni es racista la gran mayoría de la población uruguaya. Aparte de que la palabra negro se utiliza cariñosamente y no peyorativamente, incluso para nombrar a personas que no son precisamente negros… Y que se usa hasta en intercambios de efusiones amorosas en parejas de “blanquitos” y “blanquitas”…Nada que ver con el ofensivo nigger de los anglosajones.

Está claro que en el fútbol uruguayo no se discrimina a los negros y que Suárez no es un racista, aunque su excesiva pasión lo lleve a cometer tonterías en la cancha, lo que es otra cosa. Que lo sepa Evrá, quien primero intentó insultar a Suárez llamándolo sudamericano, palabra que, incomprensiblemente para los uruguayos, es denigratoria y discriminatoria en buena parte de Europa, incluyendo a España e Italia.

En síntesis, lástima que no haya venido Evrá, aunque no sé si sus traumas le hubieran permitido entender que ni Suárez ni Uruguay en su conjunto son racistas. Y que muchos uruguayos nos sentimos lubolos… Además de querer a la Francia que mucho nos dio de su cultura y de habernos sentido solidarios con la Inglaterra que luchó heroicamente contra el nazismo.

 

Luis Suárez "Negrito"


Sobre el Autor
Ángel V. Ruocco es periodista independiente uruguayo. Desde 1957 fue redactor permanente de Marcha, jefe página deportiva Época, Nuevo El Plata y El Debate. Secretario de redacción El Debate, Corresponsal jefe y/o editor de agencias  PL. IPS y ANSA en Montevideo, La Habana, Buenos Aires, Bonn y Roma., colaborador de El País de Madrid, Revista FIFA, Brecha y Búsqueda coordinador de Il  Mondiale, revista oficial de Copa del Mundo 1990 Roma, cobertura Copas del Mundo y Juegos Olímpicos entre 1962 y 1998, ensayo sobre violencia en el deporte en libro “La Cultura de la Violencia” (2009) de Daniel Vidart.

 

Fuente: El Observador

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